lunes, 4 de junio de 2012

Cooperación Transfronteriza y Seguridad; herramientas para una nueva agenda de desarrollo


 
Resumen: La dinámica de la vida en las fronteras no ha estado exenta de conflictos y problemas tales como el contrabando, la migración ilegal, grupos irregulares y el accionar de la delincuencia internacional. La formulación de una política de desarrollo en los actuales escenarios mundiales, implica no tan solo la aplicación de herramientas de integración macroeconómica y de intercambio de bienes y servicios, conlleva a analizar la cooperación transfronteriza como mecanismo para articular el desarrollo y así enfrentar un fenómeno social que socava la vida de sus ciudadanos como lo es la inseguridad. Los procesos democráticos en América Latina y el Caribe son aún frágiles, por ello las vulnerabilidades que enfrentan se han convertido en grandes desafíos tanto para el Estado como para las sociedades de la región.

Palabras Claves: Seguridad, Cooperación, Frontera, Desarrollo, Políticas Públicas.  

Abstract: The dynamics of life on the border has not been without its conflicts and problems such as smuggling, illegal migration, irregular groups and the activities of international crime. The formulation of development policy in the current world stage, involves not only the implementation of macroeconomic integration tools and exchange of goods and services, leading to analyze cross-border cooperation as a mechanism to coordinate the development and to deal with a phenomenon undermining social life of its citizens as it is insecurity. Democratic processes in Latin America and the Caribbean are still fragile, so the vulnerabilities they face have become major challenges for both the State and societies in the region.

Keywords: Security, Cooperation, Border, Development, Public Policy.


Introducción:

Desde comienzo de los años noventa, América Latina ha adoptado un regionalismo abierto como estrategia para lograr su desarrollo, perfeccionar su competitividad internacional y optimizar la coordinación de políticas que permitan a sus estados miembros ampliar la calidad de vida de sus ciudadanos. Lograr estos objetivos ha estado envuelto de una serie de trabas sociales, culturales y políticas que visualizan una sucesión de retos que en conjunto los países de la región deben afrontar si se desean alcanzar las metas previstas.

La formulación de una política de desarrollo en los actuales escenarios mundiales, implica no solo la aplicación de herramientas de integración macroeconómica y de intercambio de bienes y servicios, sino que también conlleva a analizar la cooperación transfronteriza como mecanismo para articular el desarrollo y así como enfrentar un fenómeno social que socava la vida de sus ciudadanos como lo es la inseguridad.

La dinámica de la vida en las fronteras no ha estado exenta de conflictos y problemas tales como el contrabando, la migración ilegal, grupos irregulares y el accionar de la delincuencia internacional. Estos grupos han encontrado en estos espacios las condiciones propicias para actuar, en virtud que las fronteras en Latinoamérica siempre fueron áreas abandonadas por los gobiernos centrales y retiradas de las grandes zonas industrializadas y de poder.

El constante movimiento de estos grupos delictivos a lo largo de ambos sectores de la frontera como lo es el caso de Colombia-Venezuela, Colombia-Ecuador, Perú-Brasil, para mencionar algunos casos, suponen para los Estados implicados un esfuerzo en conjunto que conlleva a la planificación y ejecución de políticas de cooperación transfronteriza que les permitan mitigar las consecuencias de este flagelo. Dentro de estas actividades de cooperación está la creación de mecanismos de coordinación, control y monitoreo de los espacios fronterizos, teniendo presente que la dinámica social exige facilidades de traslado de personas, productos, bienes y servicios que permitan desarrollar ambas regiones sin menoscabo de su soberanía.


Nuevas realidades, nuevos actores

En la reciente IV Cumbre de las Américas celebrada en la ciudad de Cartagena (Colombia) entre el 13 y 15 de Abril del 2012, unos de los temas claves a discutir y de los cuales se elaboró un documento provisional, fue el combate al narcotráfico y de las consecuencias que este problema trae a las naciones americanas. Aunque no hubo un acuerdo final, se plantearon diversas opciones, desde la deslegalización del consumo, hasta mejores medidas de control. Esto demuestra la intención de atacar en conjunto con los nuevos actores sociales, una problemática de afecta a todos por igual y que con gran facilidad traspasa las fronteras geográficas de las naciones causando daños irreparables en la sociedad y colocando una marca negativa en el desarrollo de la región.

La aparición de nuevos actores en el contexto de la cooperación transfronteriza y el desarrollo de políticas de seguridad viene dado por la constante dinámica comercial, social, política y cultural en el que están envueltos los países. Desde empresarios locales,  Organizaciones No Gubernamentales (ONG), grupos ambientalistas, organizaciones pro-defensa de los derechos humanos, empresas transnacionales, organizaciones humanitarias, entre otras, pugnan a diario por mejores condiciones para el logro de los objetivos de desarrollo en América Latina y el Caribe. Dejar atrás décadas de atraso y problemas limítrofes, conlleva a implementar nuevas herramientas de cooperación que permitan la integración regional a fin de afrontar las nuevas realidades de un mundo globalizado.

También hay que destacar otros actores no estatales, pero que están allí presente y causan estragos en la sociedad, como lo son las bandas delictivas, el contrabando, grupos irregulares que aún a pesar del desarrollo alcanzado por naciones latinoamericanas, persisten y tienen su accionar en espacios abandonados y desasistidos por los gobiernos centrales. Estos actores igualmente forman parte de la nueva realidad que deben ser tomados en cuenta a la hora de planificar y desarrollas políticas que involucren a los espacios fronterizos. Entre ellos podemos nombrar a los empresarios, comerciantes, productores agrícolas, gremios, etc.

Para afrontar estas nuevas realidades, es necesario crear nuevos vínculos entre los actores sociales y políticos que hacen vida en las regiones fronterizas, establecer nexos de cooperación y coordinación a fin de que puedan enfrentar en forma compartida los problemas similares que allí se presentan. El entorno actual de las fronteras en América Latina y el Caribe exige innovación, nuevas estrategias y la articulación de esfuerzos, no concebir la cooperación sin estos mecanismos, se traduciría en más retraso y abandono de las fronteras.

La capacidad de los Estados modernos en la búsqueda de soluciones a los problemas públicos está entredicha, es por eso que se hace necesario involucrar a todos los actores de la sociedad sin distingo de preferencia política o social, los recursos con los cuales cuentan los gobiernos son escasos para satisfacer los requerimientos de un ciudadano que cada día se hace mas exigente.

A tal efecto,  Salazar, P. (2002) resalta que:
 “Los nuevos escenarios en los cuales se desenvuelven la dinámica regional, esgrimen nuevos esfuerzos por parte del Estado y la Sociedad en la búsqueda de mejores condiciones de vida para sus ciudadanos, los cuales se podrán alcanzar cuando se rompan barreras que impiden el desarrollo de los países de la región”. 

Como resultado de los nuevos procesos de desarrollo en América Latina y el Caribe y el creciente protagonismo de actores no estatales, los Estados se han vistos obligados a cooperar más allá de los recelos propios de las diferencias políticas y de conflictos limítrofes del pasado. Así mismo, las consecuencias de las acciones de los actores transnacionales como el narcotráfico y el contrabando, ponen entredicho la capacidad de respuesta de los gobiernos y obliga a desarrollar estrategias para afrontar nuevas realidades y la llamada nueva amenaza del siglo XXI, la inseguridad.

        

La Cooperación Transfronteriza como mecanismo idóneo para enfrentar nuevos retos

Existe una necesidad imperante de reformar en América Latina y el Caribe la dimensión política e institucional de la integración. Esta aseveración también alude a legitimar las democracias de la región y proveer de recursos humanos y materiales a los Estados a fin de hacer viable una serie de políticas mediante procesos de cooperación más estables y permanentes. Los nuevos procesos de integración del siglo XXI en la región, permiten redefinir el concepto de frontera y de soberanía, a través de la creación de mecanismos que permitan la cooperación trasnacional y enfrentar los retos para su desarrollo.

De acuerdo a lo expresado por Rivera, S. (2004) “Las políticas de cooperación tienen por objeto promover un enfoque coherente e integrado del desarrollo regional, afrontar los retos comunes, garantizar la eficacia y la seguridad en las fronteras y fomentar la cooperación local”. Esta definición de cooperación transfronteriza abre una nueva dimensión del desarrollo local, rompiendo rígidas divisiones nacionales y creando nuevas áreas de participación para todos los actores que hacen vida en las fronteras.

Dentro de los paradigmas a romper para cumplir lo establecido en las doctrinas de Cooperación Transfronteriza, los Estados deben crear nuevos mecanismos de participación para los nuevos e importantes actores que influyen en la actividad fronteriza y que han sido mucho antes de redefinirse el concepto de integración en Latinoamérica y el Caribe, los propulsores de los movimientos e iniciativas en esta materia como lo son las sociedades, empresarios, comerciantes para mencionar algunos de ellos.

Así mismo, la cooperación transfronteriza presenta una serie de dificultades que van desde el recelo por parte de los gobiernos centrales, diferencias económicas entre los países, distintos niveles de capacidad de gestión, divergencias en el grado de descentralización y por lo tanto en el peso político de los actores de ambos puntos de la frontera.

La realidad contradictoria de iniciativas de integración y de la creación de regiones o zonas de integración fronteriza en América Latina, deja ver las dificultades e inconvenientes que han tenido que afrontar estas regiones para hacer realidad sus propósitos. El papel de promotores de estos mecanismos por parte de los actores de frontera, debe ser analizado y considerado en las políticas de cooperación que se vayan a planificar y ejecutar.

A tal efecto Rivera, S. (2004) establece algunos pasos a seguir para el establecimiento de la cooperación transfronteriza: 1) Información, en la cual las instituciones de los dos territorios se conocen y “evalúan” mutuamente; 2) Consultas recíprocas antes de implementar políticas o medidas a nivel local que puedan directa o indirectamente tener impacto en el otro lado de la frontera; 3) Armonización de leyes y reglamentos; y 4) Integración de los territorios como un único espacio (no se puede implementar una integración en uno o más ámbitos, sin pasar previamente por las tres etapas anteriores).

El primer paso de la información entre ambos territorios se ha convertido en un proceso innato de las regiones fronterizas en Latinoamérica y el Caribe, los años de abandono por parte de los gobiernos centrales han permitido la interacción de estas poblaciones, la necesidad de compartir bienes y servicios, ha propiciado que las iniciativas de integración surjan de estas mismas regiones, por lo tanto gran parte del trabajo esta ejecutado, la compenetración social y cultural de los pueblos de frontera es un gran avance en este propósito.

Las consultas recíprocas antes de implementar las políticas que puedan impactar en el vecino, vienen dadas mediante la implementación de mecanismos de coordinación y consultas que permitan evaluar las ventajas y desventajas de las estrategias a seguir para resolver problemáticas que afectan en conjunto a las comunidades fronterizas. La creación de dispositivos que permitan igualmente la participación de los actores de frontera es indispensable.

Armonizar las leyes en ambas regiones fronterizas, pasa por articular el esfuerzo de los gobiernos centrales en este aspecto. Una de las debilidades en los gobiernos Latinoamericanos y del Caribe, es la marcada tendencia al centralismo lo cual provoca un distanciamiento de la realidad de las fronteras a pesar del grado de desarrollo alcanzado y de importancia de las fronteras en el siglo XXI. En muchas naciones del hemisferio aún las legislaciones en materia de fronteras están desfasadas, muchas en estudios y otras en las promesas de los gobernantes. Mientras no se logren engranar los estatutos, códigos y demás mecanismos legales que rigen aspectos en común, no se podrán alcanzar los niveles de Cooperación Transfronteriza esperados.

El fin último del proceso se logra al integrar como un solo espacio las regiones fronterizas de ambas naciones. Modelos como el obtenido por la Unión Europea han permitido enlazar sus fronteras internacionalmente, así como han fortalecido su papel como bloque de integración. En Latinoamérica la situación es contradictoria, esfuerzos se han hecho a fin de mejorar la capacidad de cooperación transfronteriza, entre las causas por las cuales no se han cristalizado los propósitos podemos mencionar el celo de actores económicos y sociales, el pensamiento desconfiado de perder soberanía ante otro Estado, la ausencia de una visión integral y clara sobre el concepto y los propósitos del desarrollo, y sobre todo la falta de voluntad política que permita articular los esfuerzos necesarios para el logro de esta meta.

El éxito de los procesos de cooperación transfronterizo recae en la voluntad política y el papel que jueguen las instituciones encargadas de transformar esas ideas en hechos concretos y permanentes. Una radiografía de la capacidad de las instituciones en Latinoamérica, muestra una gran debilidad en cuanto a la capacidad organizacional, gerencial y humana, así como lo describe Kelly, J. (2004) al señalar que este panorama exige reforzar las instituciones como herramienta para el cumplimiento de las políticas.

Desde el punto de vista de integración económica, el análisis de procesos exitosos de cooperación transfronteriza entre regiones con asimetrías económicas, políticas y sociales y con intereses distintos de cooperación, se vuelve cada día más importante y exige de los Estados la implementación de mejores estrategias y mecanismos de integración. El éxito del modelo europeo cuyos frutos positivos son parte de una gran interacción y de la incorporación de elementos de planeación eficaces, permiten visualizar una experiencia que sirva de base al proceso en Latinoamérica.

Muchas iniciativas regionales han nacido a fin de desarrollar mecanismos que conlleven a la cooperación e integración regional. El Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS) viene desarrollando desde 2005 el Programa de Cooperación en Seguridad Regional a través de la realización de seminarios, estudios y publicaciones donde se ha tratado lo relacionado a la problemática de las agendas que vienen ejecutando los países Latinoamericanos para enfrentar las posibles amenazas a su seguridad interna y externa en el contexto de la dinámica internacional del Siglo XXI.


La Inseguridad; flagelo sin fronteras

Los impactos negativos de la inseguridad en América Latina y el Caribe en el desarrollo económico y social no se limitan a gastos incurridos en esta actividad que podrían emplearse en programas de salud y educación, sino que también influyen en la reducción del capital humano, capital social y de las tasa de ahorro e inversión.

Según Ospina y Giménez (2009) los costos estimados para la región latinoamericana producidos por la violencia alcanzaron para el 2008 un 10,6% del producto interno bruto (PIB) en Colombia y magnitudes similares en Venezuela, El Salvador, Brasil, México y Honduras. Estos costos adquieren de igual manera dimensiones no previstas en muchas planificaciones como lo son el aumento de la mortalidad debido a los homicidios, los cuales ocasionan mayores gastos de los previsto en equipos y materiales para las autopsias, implementos médicos para los heridos en riñas callejeras, accidentes con armas de fuego, etc, así como también un crecimiento en los gastos de combustible de las ambulancias, horas extras de conductores, funcionarios policiales y personal médico.  

También hay que resaltar los llamados efectos multiplicadores de la violencia que son la menor acumulación de un capital humano imprescindible para el desarrollo de los países, una menor tasa de participación en el mercado laboral implica una reducción en la calidad de la fuerza laboral, ausentismo laboral y la búsqueda de mano de obra en otras regiones del mundo. Este efecto asimismo impacta negativamente en la productividad que presenta dificultades en la concentración de esfuerzos y recursos, desmotivación de su personal y el empleo de horas nocturnas a fin de poder satisfacer la demanda y cumplir sus metas de producción, todo esto ocasiona un aumento de los costos.

La discusión sobre este tema, lleva a considerar la disminución del ahorro y la inversión con el consecuente efecto negativo en el crecimiento económico en la región y la disminución en la calidad de vida producto de los altos índices de inseguridad. El traslado de empresas y fábricas hacia regiones que presentan mejores condiciones de seguridad y por ende la disminución de los puestos de trabajo, son detonantes para que se acrecienten los problemas de violencia. La  reducción de la efectividad de las políticas fiscales, producto de una menor recaudación en ingresos tributarios, redunda en los planes y programas económicos e impide focalizar el gasto social en las regiones.

La violencia domestica como otra dimensión de la inseguridad, incide en la inserción de la mujer en el campo laboral, la falta de concentración y desmotivación en el trabajo ha sido objeto de estudios por parte de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el cual en su Informe Anual del 2008 destaca:“La violencia domestica ha reducido drásticamente la inclusión de la mujer en programas de desarrollo comunitario, acceso a créditos y programas, lo cual ha implicado una disminución en los ingresos familiares”.

Dentro de estos efectos multiplicadores de la violencia en la región y que inciden negativamente en su desarrollo, se encuentra de igual forma la erosión del capital social necesario e imprescindible para el sostenimiento de las democracias. La desmotivación de los ciudadanos producto de las crecientes cifras de inseguridad, causan un efecto nocivo a la salud de los Estados Latinoamericanos, socavando las bases morales y sociales sobre las cuales se sostienen los gobiernos en la región.

Este panorama ha llevado a considerar a las naciones Latinoamericanas y del Caribe el problema de la inseguridad como un objetivo primordial en sus estrategias de desarrollo social y económico y para ello están obligados a aunar esfuerzos en virtud que dicha problemática traspasa los límites geográficos provocando la conformación de grupos irregulares, contrabando y actividades delictivas especialmente en los espacios fronterizos abandonados.  

Otro aspecto que está comenzando a considerarse es la seguridad como herramienta para el fortalecimiento de las democracias en Latinoamérica. Tras décadas de gobiernos militares y de inestabilidad política, la región ha iniciado un proceso abrupto que la llevado a experimentar modelos que permitan alcanzar los niveles de desarrollo esperados y mantener el orden político alcanzado.

Los procesos democráticos en América Latina y el Caribe son aún frágiles, por ello las vulnerabilidades que enfrenta se han convertido en grandes desafíos tanto para el Estado como la sociedad que viven la calamidad de problemas como el auge de la violencia, la pobreza y la debilidad institucional para mencionar algunos. El reto de las sociedades actuales y futuras recae en exigir y ser parte de los programas y proyectos que permitan la solidez de los nuevos procesos de integración en búsqueda de la solución a mediano plazo para problemas estructurales como la inseguridad.


Conclusiones  

La implementación de nuevas herramientas para la integración regional y el alcance de las metas de progreso previstas en los enfoques de desarrollo en América Latina y el Caribe, exige de los Estados miembros un esfuerzo para la renovación y fortalecimiento institucional, dejando atrás vicios y errores de experiencias negativas en los procesos de integración iniciados a finales de los años 60.

La cooperación transfronteriza no debe quedar solo en un vago concepto, la puesta en práctica de esta definición conlleva la evolución de las instituciones encargadas de ejecutar estas políticas y adecuarlas a las exigencias y objetivos de la integración. Mejorar la competitividad, las infraestructuras regionales e implementar tecnologías, permitirá preparar el terreno idóneo para espacios de desarrollo de las fronteras. De igual forma el mejoramiento de la calidad de vida y la coordinación entre los Estados, reducirá espacio a la acción de bandas delictivas que operan en las fronteras, brindándole la confianza que se requiere para la inversión.

Para ello es necesario construir mecanismos de concertación entre las administraciones regionales y locales, que les brinden estabilidad y continuidad en el tiempo a las relaciones institucionales y también a la gestión de aspectos específicos de las problemáticas transfronterizas, como el intercambio comercial, lo social, lo cultural y la inseguridad como el fenómeno que afecta el desenvolvimiento de estos pueblos.

Para América Latina y el Caribe el proceso de cooperación transfronteriza apenas comienza a dar frutos, de la voluntad de las autoridades políticas y el apoyo de la sociedad dependerá que en los próximos años comiencen a hacerse realidad nuevas ventanas de cooperación, la ofensiva lanzada por los países Latinoamericanos en contra del sufrimiento que origina el problema de inseguridad, permite la creación de novísimas  expectativas para quienes vislumbran una nueva agenda de desarrollo para la región.

Referencias bibliográficas:

Banco Interamericano de Desarrollo (BID) 2008. Informe Anual. Washington D. C. USA.

Colomine, F. y Hernández L. (2008) Los desafíos de la seguridad transfronteriza: perspectivas de los acuerdos de seguridad en el norte de América del Sur. Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales. Caracas, Venezuela

Espin, Johana. (2010) La Seguridad Ciudadana y los procesos de Gobernabilidad y Convivencia Democrática en los países de la Región Andina. Flasco

Kelly, J. (2004) Políticas Públicas en América Latina; Teoría y práctica. Ediciones IESA, Caracas, Venezuela.

Ospina, N. y Giménez, G. (2009) La Violencia en Latinoamérica y sus efectos sobre la inversión y la educación. Universidad de Zaragoza, España. 

Salazar, P. (2002) Las convergencias democráticas en América Latina. Universidad de Guadalajara, México.

Rodríguez, S. Morales, J. y Morales L. (2008) Las Fronteras de América Latina: Dinámica, procesos y elementos para su análisis. Universidad del Zulia, Venezuela.

Rivera. S. (2004) La gestión de la Cooperación Transfronteriza México – Estados Unidos en un marco de inseguridad global; problemas y desafíos. Estudios Fronterizos, Universidad de Baja California.