lunes, 6 de febrero de 2012

Convivencia ciudadana; la búsqueda de armonía en una sociedad en conflicto


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Colas para llegar al trabajo o la casa, enfrentamientos entre policías y ladrones a cualquier hora del día en las vías públicas, maltrato y pésima atención al cliente, agresiones en los campos deportivos, polarización política reflejada en múltiples vallas y afiches que deslucen la ciudad, miedo a que nos roben o secuestren, equipos de sonido a altos volumen, paredes de residencias y sitios públicos rayadas, indigentes y jóvenes ingiriendo licor en sitios públicos, colas interminables para cualquier trámite público o privado y un sinfín de situaciones hostiles más definen el día a día de los venezolanos desplazando poco a poco lo que nos caracterizaba: ser amables y  respetuosos por un estrés que nos lleva a reflexionar sobre la educación y las mínimas normas de cortesía necesarias para invocar a un estado de convivencia como herramienta primordial a la seguridad personal.

¿Hasta dónde los derechos de unos exceden los derechos de otros?, ¿quién decide y controla esta línea divisoria?, existe una premisa que expresa lo siguiente: “equidad es: no privilegiar a unos perjudicando a otros”

Desde un punto de vista relacional, los derechos humanos se han definido como las condiciones que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, de forma tal que el individuo pueda identificarse consigo mismos y con los otros.

Desde tiempo ancestrales el ser humano se vió en la necesidad de asociarse en grupos y así conformar aldeas o tribus, con el transcurrir del tiempo estas aldeas se transformaron en pueblos y ciudades. El pacto de convivencia de un pequeño grupo de personas pasó a ser el pacto de miles de personas en una urbe con mayores dificultades y problemas públicos.

Entendemos por convivencia ciudadana toda actitud o comportamiento cívico, pacífico y armonioso entre los miembros de una comunidad conforme a un conjunto de normas, valores y principios que conllevan al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos evitando cualquier acción o manifestación contraria al respeto, la consideración, la tolerancia y las buenas costumbres.

Esta necesidad de convivir en sociedad implica establecer reglas de comportamiento en las cuales no se vulneren los derechos de ningún ciudadano y se mantenga la equidad al momento de establecer normas y sanciones. Es el Estado quien debe velar por los derechos de cada ciudadano tal como lo expresa el Art. 19 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en este caso el gobierno municipal está facultado para dictar ordenanzas de convivencia que dirijan todos los esfuerzos hacia mantener la paz y armonía ciudadana. Así mismo los consejos comunales tienen la facultad de elaborar reglamentos de convivencia ciudadana en procura de la concordia en sus espacios geográficos.

Valdría la pena preguntarse, si existen estas normas de convivencia muchas desde hace mas de una década, ¿por qué no surten efectos en la sociedad?, ¿por qué sigue en aumento el números de casos denunciados y no solucionados por las autoridades?, ¿acaso es letra muerta esta regla?.

El irrespeto a reglas mínimas de ciudadanía, la intolerancia, el no reconocimiento del otro como sujeto de derechos, el egoísmo y la falta absoluta de respeto a la autoridad, son un diagnóstico más que claro. Cifras de la última encuesta de victimización realizada por el Instituto de Investigaciones de Convivencia y Seguridad Ciudadana (INCOSEC) a mediados del 2011 muestran lo que percibimos como cotidianidad, y nos obliga a plantear el tema con urgencia. Más de un 37% de los venezolanos tiene disposición a armarse para defenderse, un 46% considera adecuado matar a un “delincuente”, y el 25% está de acuerdo en que las comunidades se organicen para matar a “personas indeseables”, un 53,2% expresó que las autoridades no hacen nada ante las denuncias, en fin un proceso constante de deslegitimación de la autoridad y de involución del ciudadano.

Vivimos en una sociedad  con múltiples normas y regulaciones que en el papel vislumbran las condiciones idóneas para cohabitar, a veces hasta exageramos en la cantidad de normas ¿qué ha ocurrido entonces? La respuesta es sencilla, no existe disposición de las autoridades para hacer cumplir estas políticas, además hay un rechazo de los ciudadanos para cumplirlas con el pretexto de que tiene derecho a circular libremente, a resguardarse de la inseguridad y a vivir de la manera que le parece más conveniente.

Otra interrogante que surge como sociedad es ¿dónde están reflejados los procedimientos denunciados por miles de ciudadanos en los organismos de seguridad? ¿Dónde se ha visto que los gobiernos en sus diferentes niveles muestren cifras y hechos que permitan visualizar el desenvolvimiento de los indicadores de convivencia? Quienes no pueden disfrutar del sueño en horas de la noche por los constantes ruidos de vehículos sin tubos de escape, motorizados en faenas de piques, alto volumen de equipos de sonido y  que hablar de los pocos espacios públicos que aun quedan en esta ciudad capital, llenos de grafitis, basura, ausencia de un alumbrado acorde y de las medidas de seguridad que le permitan al ciudadano disfrutar de los mismos, claman por acciones claras y contundentes. ¿Dónde está la sociedad que exija el cumplimiento de sus derechos humanos consagrados en la Constitución? ¿Dónde queda la corresponsabilidad del Estado y la sociedad en los planes y programas de prevención para el disfrute de sus derechos?

Las cifras de jóvenes que fallecen en accidentes de tránsito producto de la ingesta de alcohol durante los fines de semana es otro aspecto a considerar, las estadísticas dan muestra de la necesidad de tomar medidas que coadyuven a la disminución de estos hechos. Las regulaciones en cuanto a la venta de licores debe ser estricta y los espacios públicos donde esto se realiza deben respetar el derecho de otros a descansar. Un arduo trabajo donde los cuerpos de seguridad y la sociedad en general deben velar por su fiel cumplimiento.

La complejidad del problema requiere de programas de opinión, culturales y educativos que inviten a la convivencia y al respeto del otro. Hay que desarrollar planes en la educación formal e informal que resalten los valores y los principios y paralelo a este proceso generar confianza en las instituciones, cosa que sólo se logrará cuando den respuesta oportuna y conforme a la ley. Uno de nuestros errores es buscar las soluciones en el lado equivocado, pensamos que haciendo más leyes tendremos más orden y más justicia, y no nos percatamos que las leyes son sólo instrumentos y que el error está en los hombres que las aplican. Otros venden quimeras como si el cambio de personas originara el cambio de conductas de un día para otro. Es inaplazable reaccionar y salir de la intolerancia que no lleva a otra cosa que a la anarquía. Hay que trabajar desde abajo hacia arriba. Si logramos coexistir en la casa, en el barrio, en la cuadra, en la escuela, en el trabajo, y hasta con uno mismo, estaremos haciendo convivencia ciudadana y por ende aportando a la seguridad que todos deseamos.






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